Un fuerte sonido de música me trae de nuevo al mundo. El piso aun me da vueltas y los estragos de la parranda de año nuevo aun se encuentran presentes en mi boca... al poco tiempo de haberme levantado descubrí que también los sentía en toda mi cabeza.
El estridente sonido de mi teléfono había parado, lo que me dio la idea de acercarme a la nevera por un poco de algún líquido.
La leche bajaba lentamente por mi garganta y era lo único que realmente importaba, así, que no me proponía contestar inmediatamente.
Cuando el teléfono sonó por tercera vez, ya había tomado dos decisiones fundamentales, tal vez las primeras del nuevo año, cambiaría el Ringtone del teléfono, y fuera quien fuera el que estuviera llamando iba a saber que significaba respetar un guayabo.
- Alo!
- Alo? Alejo?
- Si, con él, con quien hablo?
Un suspiró se oyó al otro lado de la bocina, y una voz que se torna temblorosa, agitada y sollozante continúa:
- Con Esteban, se acuerda de mi?
- Pues... si, creo que si...
Mi memoria estaba realmente en blanco; como explorando en una gran biblioteca, mi cerebro recorre todos los amigos del trabajo, la universidad, los cursos y es allí en el colegio, donde lo encontré a él, así que después de una interjección de aprobación continué:
- ¿Esteban Carrillo? Del colegio?
- Si, el mismo.
- Q'hubo!! como está? ¿Qué más de su vida? ¿Y ese milagro? ... Feliz año.
Mi emoción era latente, Esteban y yo habíamos sido grandes amigos en el Bachillerato, tal vez fue el último gran amigo que tuve en esas lejanas épocas cargadas de experiencias que a estas alturas solo arrancan sonrisas y nostalgias.
Sin embargo la interrupción del mismo Esteban me hizo entender inmediatamente que la voz entrecortada no era defecto del operador, y que los sollozos no se debían a la emoción, la situación era especial y algo extraño estaba ocurriendo.
- Si... bueno... gracias... oiga! que pena molestarlo... es que su teléfono es el primero en la lista de contactos y es al único que puedo llamar...
- Si... claro cuénteme..
- Es que la verdad no sé donde estoy... y no me puedo mover... estoy solo... y su teléfono a penas si lo pude marcar con la cabeza y la nariz...
Repase las posibilidades de fraude que se me podían ocurrir, si bien es cierto Esteban y yo fuimos grandes amigos en más de 15 años la gente puede cambiar, pero el argumento del número telefónico era muy poderoso, no es al primero que le pasa algo así, generalmente las listas de contactos se organizan por orden alfabético y Alejandro queda en la primera opción casi irremediablemente. Por otra parte si recuerdo que alguna vez hace años me lo encontré por la calle y le di número de celular y él a mí el suyo, aunque seguramente algo pasó porque el identificador no lo notó.
Aun así había millones de posibilidades de que esto fuera una farsa, pero no podía asegurar nada, así mismo si resultaba ser cierto, la situación se tornaba en una carrera contra el reloj.
- Espere... cálmese... no le entiendo... ¿me dice que no se puede mover?... ¿dónde está?
- No sé...
Y siguió llorando sin inmutar palabra. Trataba de hablar pero la impotencia de su propia falta de movimiento mezclada con el resurgir de la esperanza, traducida en lágrimas se lo impedía. Fue ahí cuando descubrí que tenía que tomar el control de la situación y no permitir que Esteban desfalleciera o que me arrastrara a su laberinto de desespero y descontrol.
- Espere... Cálmese... Cálmese... Escúcheme... solo escúcheme... ya no está sólo... todo va a estar bien... no se desespere... ya le entró la llamada... si eventualmente se le corta yo le devuelvo la llamada trate de contestar... ¿cómo está de batería?
Al parecer entendió lo que le decía y me escuchaba claramente porque suspiró profundo, exhaló fuerte y dejó de sollozar.
- Más o menos, hay como para medía hora de conversación o tal vez menos...
Eso complicaba las cosas, sólo tenía media hora para encontrarlo y ayudarle, antes de perder todo el contacto. Pero eso no lo podía saber Esteban así que empezamos a trabajar.
- Bueno, fresco... todo va a estar bien... voy a llamar a la policía.
Intenté una vez, intenté dos, e intenté una tercera, la comunicación no salía. El desespero me empezó a invadir.
- Esteban, ¿me escucha?
- Si, aquí estoy.
- Bueno, dígame como está o donde cree que está?
- Pues no sé estoy sentado, pero está muy oscuro, la única luz es la de mi teléfono y de unas ventanas que están casi a la altura del techo, pero igual no veo casi nada.
- ¿Está golpeado?
- No, no sé, pero creo que no porque no me duele nada...
- ¿Ya se trató de soltar?
- No... es que no estoy amarrado... no me puedo mover, es más no sé si estoy amarrado pero no me puedo mover...
- Pero, está sentado, no?
- Sí, pero no me puedo mover ni un poco, y de hecho no quiero hacerlo porque o si no puedo perder el teléfono.
- ¿Lo robaron?
- No sé
Cada vez las cosas se complicaban más, aun con la policía no me podía comunicar y no podía saber donde estaba Esteban.
No sabía cómo averiguar dónde estaba, de tal forma que la solución la encontré en algún amigo lejano de las épocas universitarias que entre sus tantas habilidades podía darme el dato de una forma poco ortodoxa, pero efectiva.
Volví al teléfono:
- Esteban?
- Si, aquí estoy.
- Fresco ya sé más o menos por dónde está.
- A bueno, gracias...
- No he podido comunicarme con la policía.
- No!, por favor no lo intente más con ellos.
- Y por que?
Su desconfianza en la autoridad me puso en alerta, las cosas se ponían cada vez más turbias.
- De lo último que me acuerdo es que cogí un taxi, me dormí y después desperté acá.
- ¿Y eso que tiene que ver con la policía?
- El taxi lo cogí donde un conocido, estábamos haciendo negocios... pero a este tipo no le puede caer la policía... me acaba...
- Pero si no hacemos algo igual usted no va a salir de ahí.
- No lo haga por favor.
Sin embargo decidí llamarlos sin que Esteban lo supiera.
El tiempo corría, no sabía cómo explicarle a la policía, en qué forma había hallado su ubicación, les dije que el mismo me lo había dicho, mi ignorancia sobre el punto exacto apoyaba mi versión, apenas si podía acercar la información a un radio de entre 100 y 500 metros pero eso era mucho más que nada.
En este momento no me importaba que ocurriera después de que Esteban estuviera a salvo, pero si era claro que no podía dejar que la comunicación se cortara, así que di la información a la policía y me dirigí inmediatamente al sitio, el tiempo era su peor enemigo y tenía que aprovechar el que tuviera, así que maneje como cuando el pavor toma el control y en menos de lo esperado estaba en el área que me habían dicho.
Bajé la velocidad y empecé a rondar, quedaban poco más de diez minutos y era imposible saber donde estaba, sin tener más pistas.
- Esteban, trate de mirar por la ventanilla, ¿puede hacerlo?
- Si, si puedo.
- Descríbame que ve...
- Son unas ramas, se mecen con el viento fuertemente, son como cerezos o algo así, detrás de ellas veo una antena de televisión satelital, se sostiene sobre un techo, creo que de ladrillo o algo así... pero le faltan algunas lozas, atrás de esa antena se alcanza a ver un edificio en adoquín pero no alcanzo a ver más... eso es todo..
- Ok, fresco, lo estoy buscando
La verdad no sabía por dónde empezar, el tiempo corría y cada vez me acosaba más. Detuve el carro baje despacio, solo quería pensar, cuando de un momento a otro mirando hacia el cielo como implorando una bendición lo vi, frente a mí, el único edificio, tenía como 5 pisos, su fachada blanca y sus paredes laterales adoquinadas, tal y como lo quería.
El viento me guio al costado que me interesaba, y mi nariz a los cerezos. No eran los únicos del área pero eran los más abundantes de la cuadra olía delicioso, y todo parecía tan calmado que por un momento sentí que el tiempo se detenía, sin embargo al instante recordé que no era así, corrí a los cerezos, la maleza era espesa y se acumulaba por todas partes, busque lentamente pero no podía ver las ventanas.
- ¡Esteban!- Grite fuerte -¡Esteban¡
Tomé el teléfono:
- Ya estoy cerca..!
- Si, lo oigo pero no puedo responderle, no me va a escuchar..
- Trate de hacerlo.
Fue ahí cuando vi las ventanillas saliendo de un sótano escondido.
Me acerque, no era fácil llegar pero tenía que intentarlo; es justo en ese momento cuando llega la policía, eran varios, al parecer habían rastreado la llamada desde el principio. Me retiraron y me sacaron casi a empujones.
Dos policías equipados con prendas duras y gruesas me tomaron y me sacaron casi a rastras, mientras que otros equipados de la misma forma se acercaban lentamente a la puerta con un tronco de metal, todos armados con armas muy grandes, los miré como en cámara lenta mientras todo sucedía.
Uno de ellos tenía el tumba-puertas y los demás estaban a su alrededor con los rifles apuntando a la puerta. Otros tantos estaban afuera apuntando desde los carros y yo y mis cargadores atravesando el medio camino de los dos grupos. Lentamente pasamos frente a la puerta, el policía toma impulso con su apoyo metálico y la toca.
Un destello acaba con mi panorama, mis oídos no oyen nada, ya nadie me sostiene, estoy volando. Se acabó.
Aldemar /2009
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