AL NORTE existe una zona cálida de pocos habitantes pero muy frondosa y de exquisito olor natural; sobre la montaña habia una casa el sol pintaba las paredes durante todo el día e incluso ocacionalmente también de noche, en esa casa vivian tres personas cuyo temperamento contrastaba con el hermoso lugar, no era para menos, sus vidas habian sido manchadas por las dificultades y su voluntad cuartada por la desilusión, casi que vivian por simple necesidad y por una extraña fidelidad a la vida, la misma que les habia sido apática durante mucho tiempo, sus ojos ya no se bañaban en lagrimas porque siempre han sabido que llorar solo se vuelve necesario cuando resulta inutil continuar intentandolo, y aunque no creian en la perseverancia, seguramente una estupida testarudes les permitia volver a cerrar los ojos cada noche.

Vivir en ese lugar solo se tornaba agradable dos veces al día pero ellos no lo sabian, generalmente el color ransio de las paredes ocultaba la belleza del momento y cuando un asomo de sentimentalismo abrazaba el corazon de alguno, no faltaba el que con un grito, un desacato o un simple gemido devolvia todo a la rutinaría amabilidad y sobretodo a la desagradable permanencia, como quien vive en un laberinto sin paredes pero también sin salida. Alguna vez en esos destellos de corazón, los ojos de Lucía se tornaron vidriosos, Carlos la vió y quiso deshacerla en gritos e improperios, se sentía cohibido, nunca nadie en esa casa habia llorado y no lo harían ahora después de tanto tiempo, su fuerza se acomulaba entre la cuchara y su nariz cuando justo a un segundo de empezar sintió un brazo apretandole el suyo, lo siguió asombrado y descubrio que erá Manuel, sus ojos estaban atónitos mirandola fijamente como quien ve un espanto, poco a poco empezo a palidecer, pero al rato se reincorporó bajó el brazó, miró a Carlos, pasó el bocado y con una expresión común le hizo notar que se lo permitiera, porque era la única que tenia derecho a hacerlo.

Lucía lloró en silencio sin gemir, sin suspirar, simplemente dejaba desgranar sus lágrimas, Carlos no dijo nada pero al final de todo se dió cuanta que ella lloró por los tres, porque el ambiente se tornó menos ténso, porque un peso se les habia quitado y sobretodo porque sabia que al otro día querría que lo volviera a hacer, y así fue, no solo por dos días sino por más de una semana, durante ese tiempo Carlos los estudió, analizo a que horas empezaba y a que horas terminaba, miraba la comida, el agua, todo lo analizó todo, pero al séptimo día en el reflejo de una de las lágrimas lo descubrió.

Mario no creia en su quimera, solo quería seguir viviendo tal y como se les habia dado la vida, era muy creyente y pensaba que todo viene porque así lo quiere Dios, pero Carlos siguió en su empeño, transformo todo salia más temprano a trabajar y volvia más tarde, comia menos, casi hasta la patología, lo intentó todo, todo lo dío por eso, para ser más exacto por ellos, sus hermanos lo merecían y el hubiese dado esta vida y la otra por obtenerlo...

Al fin llegó el momento, trabajo toda la noche, a media noche Mario despertó y empezó a ayudarlo, solo para verlo terminado, y por ver a su hermano terminarlo, al amanecer cuando ya todo estaba listo, Lucía despertó, sus ojos brillaban y se tornaron vidriosos, pero esta vez llenos de felicidad, en su garganta un nudo trataba de explotar contra la sonrisa dibujada de una doncella hermosa, solo pudo abrazarlos, esa mañana y esa noche y todos los días en el futuro en esa casa nada cambió, nada más que ellos, nada más que su vida, nada más que sus ganas de vivir, por fin habia razones para despertar, una intención para mejorar, al poco tiempo se dieron cuenta que podian ser mejores y que solo era tiempo para que lo fueran.

ELLOS NO DESCUBRIERON LA FELICIDAD, NI SIQUIERAN ESTABAN SEGUROS DE CONSEGUIRLA, PERO SUPIERON QUE TENIA QUE EXISTIR, QUE EN ALGÚN LUGAR DE ESA CASA DOS VECES AL DÍA, SOBRE LA LUZ ELLA SE POSABA Y QUE AHORA PODIAN RECONOCERLA Y RECIBIRLA, CON AGRADO Y COMO SE DEBÍA.

Aldemar/06